sab
5a. Ordinario año impar (Id=140)
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Dios nuestro y protector nuestro, un sólo día en tu casa es
más valioso para tus elegidos, que mil días en cualquier otra parte.
Oremos:
Enciende, Señor, nuestros corazones con el fuego de tu amor a fin de que,
amándote en todo sobre todo, podamos obtener aquellos bienes que no podemos
nosotros ni siquiera imaginar y has prometido tú a los que te aman.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El Señor expulsó al hombre del Edén para que trabajara la
tierra
Lectura del libro del Génesis
3, 9-24
El Señor Dios llamó al hombre:
"¿Dónde estás?"
El hombre respondió:
"Oí tus pasos en el huerto, tuve miedo y me escondí, porque estaba
desnudo".
El Señor Dios le preguntó:
"¿Quién te hizo saber que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol el
que te prohibí comer?"
Respondió el hombre:
"La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y
comí".
Entonces el Señor Dios dijo a la mujer:
"¿Qué es lo que has hecho?"
Y ella respondió:
"La serpiente me engañó, y comí".
Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente:
"Por haber hecho eso, serás maldita entre todos los animales y entre todas
las bestias del campo; te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos
los días de tu vida; pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu
descendencia y la suya; ella te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su
talón".
A la mujer le dijo:
"Multiplicaré los dolores de tu embarazo, darás a luz a tus hijos con
dolor; desearás a tu marido, y él te dominará".
Al hombre le dijo:
"Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol prohibido,
maldita sea la tierra por tu culpa. Con fatiga comerás sus frutos todos los
días de tu vida;ella te dará cardos y espinas y
comerás la hierba de los campos. Con el sudor de tu frente comerás el pan,
hasta que vuelvas a la tierra, de la que fuiste formado, porque eres polvo y al
polvo volverás".
El hombre puso a su mujer el nombre de "Eva" -es decir, Vitalidad-,
porque ella sería madre de todos los vivientes.
El Señor Dios hizo para Adán y su mujer unas túnicas de piel, y los vistió.
Después el Señor Dios pensó:
"Ahora que el hombre es como uno de nosotros, conocedor del bien y del
mal, sólo le falta echar mano al árbol de la vida, comer su fruto y vivir para
siempre".
Así que el Señor Dios lo expulsó del huerto de Edén, para que trabajara la
tierra de la que lo había sacado. Expulsó al hombre y, en la parte oriental del
huerto de Edén, puso a los querubines y la espada de fuego para custodiar el
camino que lleva al árbol de la vida.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 89, 2.3-4.5-6.12-13
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Dómine, refúgium
factus es nobis, a generatióne in generatiónem.
Antes que nacieran las montañas, o fuera engendrado el
universo, desde siempre y para siempre tú eres Dios.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Dómine, refúgium
factus es nobis, a generatióne in generatiónem.
Tú haces que el hombre regrese al polvo, diciendo:
"Regresen, hijos de Adán". Porque mil años son para ti como un día,
un ayer que ya pasó, una hora de la noche.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Dómine, refúgium
factus es nobis, a generatióne in generatiónem.
Tú los haces desaparecer, son como un sueño: como la hierba
que brota por la mañana; brota y florece por la mañana, y por la tarde ya está
marchita y seca.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Dómine, refúgium
factus es nobis, a generatióne in generatiónem.
Enséñanos a calcular nuestros días, para que adquiramos un
corazón sabio. ¿Cuánto tardarás, Señor, en atendernos? Ten compasión de tus
siervos.
Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Dómine, refúgium
factus es nobis, a generatióne in generatiónem.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca
de Dios.
Non in solo pane
vivit homo, sed in omni
verbo quod procédit de ore Dei.
Aleluya.
La gente comió hasta quedar satisfecha
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
8, 1-10
Gloria a ti, Señor.
Por aquellos días se reunió de nuevo mucha gente y, como no
tenían nada para comer, llamó Jesús a los discípulos y les dijo:
"Siento lástima de esta gente,
porque llevan ya tres días conmigo y no tienen nada para comer. Si los envío a
sus casas en ayunas, se desmayarán por el camino, pues algunos han venido de
lejos".
Sus discípulos le contestaron:
"¿Dónde podremos conseguir pan en este lugar deshabitado para dar de comer
a todos éstos?"
Jesús les preguntó:
"¿Cuántos panes tienen?"
Ellos contestaron:
"Siete".
Mandó entonces a la gente que se sentara en el suelo. Tomó luego los siete
panes, dio gracias, los partió y se los iba dando a sus discípulos para que los
repartieran.
Ellos los repartieron a la gente. Tenían además unos pocos pescados. Jesús los
bendijo y mandó también que los repartieran.
Comieron hasta hartarse, y con lo que sobró recogieron siete canastos; eran unos
cuatro mil. Jesús los despidió, subió en seguida a la barca con sus discípulos
y se fue hacia la región de Dalmanuta.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta,
Señor, los dones que te presentamos para esta Eucaristía a fin de que, a cambio
de ofrecerte lo que tú nos has dado, podamos recibir de ti tu misma vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio de nuestra salvación en Cristo
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, Padre
santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.
Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para
que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María la Virgen,
fuera nuestro Salvador y Redentor.
El, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la
resurrección, extendió sus brazos en la cruz y así adquirió para ti un pueblo
santo.
Por eso,
con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria diciendo:
[Misa]
Mi alma espera al Señor con más ansia que los centinelas el
amanecer, porque con el Señor viene la misericordia y la abundancia de su
gracia.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Tú que nos has hecho partícipes de la vida de Cristo en este sacramento,
transfórmanos, Señor, a imagen de tu Hijo, para que participemos también de su
gloria en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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